¡Hola! Soy Alberto, cofundador de depeeme. Como buen “depeemer”, he pasado varias décadas trabajando y, durante todo ese tiempo, uno de los debates recurrentes con mi mujer ha sido el mismo que quizá te hayas planteado tú también:
¿Deberíamos comprar una segunda vivienda para disfrutar de nuestras vacaciones?
Un apartamento en la playa, una casita de montaña, un refugio en un pueblo con encanto…
Lo hablamos muchas veces y siempre llegábamos a la misma conclusión: para 30 días de vacaciones al año, era más rentable en términos de disfrute, descanso y libertad aprovechar la increíble infraestructura hotelera que tenemos en España.
No es solo una percepción personal. Distintos análisis sobre el sector turístico español, como el PwC, Smart Observatory Turismo Primavera‑Verano 2026, destacan la fortaleza de la infraestructura hotelera en España, su diversidad de destinos y su capacidad para adaptarse a diferentes formas de viajar y de vivir, desde entornos de costa y naturaleza hasta ciudades culturales y gastronómicas.
A veces no somos conscientes de la suerte que tenemos. Podemos disfrutar —casi como si fueran nuestras “segundas viviendas”— de:
- Hoteles a pie de nuestras impresionantes playas.
- Alojamientos en entornos rurales y de montaña que parecen sacados de una postal.
- Hoteles en ciudades llenas de historia, cultura y una gastronomía única.
Y, además, en estas “segundas viviendas temporales” hay personas que trabajan a diario para que nuestra experiencia sea perfecta: preparan el desayuno, limpian la habitación, organizan actividades y hacen que cada día sea más fácil y más feliz.
¿Y la economía familiar? Sorpresa: también gana
Cuando comparas la variedad de experiencias y la libertad que ofrece cambiar de destino cada año con el coste de mantener una segunda vivienda (IBI, comunidad, muebles, mantenimiento, impuestos, desplazamientos…), la ecuación cambia.
De hecho, disfrutar de hoteles puede ser incluso más económico que mantener una vivienda fija que solo usas unas semanas al año.
¿Pero qué pasa cuando llega la jubilación?
Ahora que me voy acercando a la jubilación, muchos amigos me dicen: “Ahora sí te conviene una segunda vivienda, ¿no?”
Pues, sinceramente… sigo pensando que no. La jubilación abre una etapa nueva en la que, por fin, tenemos tiempo. Mucho más que 30 días para descansar, viajar o dedicarnos a nuestras aficiones.
Si la proximidad al trabajo ya no es una variable importante, entonces surge una pregunta que cambia completamente la perspectiva:
¿Sigue siendo mi vivienda actual la mejor opción para vivir la vida que quiero?
Después de décadas trabajando, creo que nos hemos ganado algo mejor:
vivir donde realmente queremos y como realmente queremos.
Quizás es el momento de replantearnos el concepto tradicional de “vivienda fija” y explorar un modelo más flexible, libre y adaptado a nuestros sueños.
Y quizá, solo quizá, la mejor vivienda no sea una propiedad…
sino la posibilidad de elegir cada día dónde y cómo quieres vivir tu vida.



